martes, 22 de enero de 2008 20:52
Luz Rueda
CON LA CRISIS
Hoy, Día Mundial de La Crisis - no pregunten cuál, porque llevan toditos los medios macahacando el asunto unas pocas de horas-, recibo un e-mail recordándome que tengo un blog abandonado y que o bien decido alimentarlo o, de lo contrario, lo asesino ya para evitarle una muerte por inanición que siempre resultan más dolorosas. Así que empiezo a dar aliento a este espacio precisamente hoy, día tan económicamente aciago aunque espero que no guarde relación lo uno con lo otro y el blog camine por las redes o se quede colgado de ellas sin tener en cuenta el batacazo bursátil.
La realidad es que a mí estas crisis tan gordas casi nunca me afectan mucho, suelen resultarme lejanas como si fueran noticias de otro mundo, o, por lo menos, no lo hacen tanto como las crisis cotidianas. Ya sé que la economía es súper importante y que si va mal, pues todo va mal, pero no creo en el reinado de la economía sobre todas las cosas y casi todos los temas económicos se me hacen difíciles de comprender. Además, yo tengo otros problemas, qué quieren que les diga.
Sin ir más lejos, acaba de pasarme el ayuntamiento de mi ciudad una liquidación por importe de doce mil cuatrocientos noventa y nueve coma cincuenta y cuatro euros con el honrado propósito de que dicha cantidad sea abonada -por mí, se entiende- en un plazo no mayor de treinta días. Todo porque se me ha ocurrido construir una casa y me ha dado por hacerla de manera legal, no como la mayoría.
Resulta que si construyes a la buena de dios sin permisos ni proyecto ni nada pues cuando la acabas te vas allí a vivir y !hala! Si por casualidad el ayuntamiento se da por enterado del asunto lo más que te puede ocurrir es que te pongan una multa que nunca, nunca, llegará a a la antedicha cantidad de doce mil cuatrocientos noventa y nueve coma cincuenta y cuatro euros. Y encima te has ahorrado el arquitecto, el aparejador, el plan de seguridad y el control de calidad.
De manera que se me ha puesto cara de haber hecho el canelo al tiempo que me ha entrado una especie de desasosiego que bien podría denominarse crisis económica aunque no incida en la tasa de empleo ni en la capacidad de ahorro del español medio, sino únicamente en la mía. Algo cambia: esta crisis sí que la entiendo, !vaya si la entiendo! La entiendo y la sufro, que es peor. Tanto, que gracias a ello, soy capaz de imaginarme a este pobre país y a este pobre mundo en crisis que habito temblando y temiendo el futuro sombrío sin un euro de repuesto en la caja y me compadezco de ellos.
Ahora, !por fin!, sé perfectamente lo que es el declive económico: se parece mucho a tener que pagar una licencia de obras en tu ayuntamiento.