miércoles, 17 de octubre de 2007 3:46
Juan Jimenez
NIÑOS Y SERIES DE TV
Son las diez de la noche y empieza en la televisión otro capítulo de una de esas series con tintes cómicos que últimamente se acomodan con facilidad en la pantalla, porque al parecer hacen reír a muchos televidentes asiduos. De no ser así serian guiones que se decolorarían dentro de algún cajón, o habrían sido devorados por alguna trituradora de papel. En realidad son series que a veces tienen su toque de originalidad, e incluso pueden llegar a ser graciosas. La típica tía buena marcando trasero y desvelando generoso canalillo en escote; el obligatorio corto de sesera que suele ser el que lleva el peso del guión porque va de gracioso; la amiga de la tía buena, poco agraciada físicamente, que suele padecer de ninfomanía y su misión es encontrar a algún machote potente que cure su enfermedad; el apuesto galán, que pasa de puntillas por la serie para que ésta no se confunda con un culebrón venezolano; algún jubilado o jubilada al que constantemente se le recuerda que ya forma parte de la prehistoria ; y eso sí, que no falten los niños, que suelen tener todos una pintita de macarras y resabidos de aquí te espero.
Por lo general estas series encierran historias paralelas de niños y adultos. Por ejemplo, a una escena donde unos críos y crías hablan de “colegueo” con plante de adultos; unos adultos hablan de sexo de forma morbosa, chabacana, verderona. En ocasiones, a los niños les entremezclan sus guiones con los guiones de los adultos, para que haya algo así como un familiar compadreo entre personajes de edades distantes. Y al final no sabes si estás viendo a niños que van de adultos; o lo que es peor, adultos que se comportan como niños.
Lo malo es que los verdaderos niños son grandes consumidores de este tipo de programas.
Las autoridades competentes deberían purificar un poquito las televisiones y separar la carne de mal gusto del chupete con mal sabor. No deberían consentir que las cadenas de televisión colocaran en sus series nocturnas a niños que hagan de señuelos para otros niños que a esas horas deberían estar durmiendo. Luego vienen esos desaguisados en la conducta de los chavales que queremos arreglar con asignaturas como Educación para la Ciudadanía. Pero a ver quien le pone puertas una a ventana tan mediática. Con la televisión hemos topado.