LOS POLÍTICOS SON de lo que no hay. Debieran hacerlos a todos académicos de la Lengua. O, al menos, de la institución en que se reúnan los manipuladores del lenguaje. No tienen el menor problema en retorcer las palabras, en hacerlas significar lo que nunca significaron, en envolver al oyente, sobre todo si se acercan elecciones, con términos que sólo pretenden engatusarle y hacerle comulgar con ruedas de molino.

La primera muestra de lo que digo la proporciona eso del crecimiento negativo. Así, se pueden leer cosas como que “se esperan tasas de crecimiento negativo en 2008 para la construcción”, o que “Galicia soportó en 2006 un crecimiento negativo de 92.809 personas”. Palabras como disminución o decrecimiento desaparecen de la jerga política cuando corresponden a situaciones indeseables.

Segundo ejemplo: el de la reducción de impuestos prometida sin sonrojo por unos y otros. Naturalmente, se refieren a los impuestos directos, no a los indirectos, que son los que afectan a todos por igual. ¿De dónde sacará el Estado el dinero que no se va a recaudar con impuestos como el de la renta? ¿O no se sacará de parte alguna y habrá que compensar esa pérdida de ingresos con una disminución en la prestación de servicios públicos?

Por último, una noticia que acabo de oír en la radio. Está a punto de aprobarse la posibilidad de retrasar la edad de jubilación hasta los 70 años, de manera que por cada año en que se siga trabajando, una vez cumplidos los 65, la futura pensión se incrementará en un 2%. Y se quedan tan panchos tras la falacia, confiando en que la gente no se percate de que, en realidad, a partir de ahora, quien se jubile antes de los 70 no percibirá la máxima pensión posible, sino parte de ella.

Si eso no es manipular el lenguaje y engañar al personal, que venga Dios, como diría el señor Pavón, y lo vea.