RESULTA CURIOSO observar cómo la llamada gente de orden, la derechona de toda la vida, por utilizar el término acuñado por Umbral, puede encontrarse a sus anchas acompañada de lo más reaccionario de la Iglesia Católica –recuérdese la reciente ceremonia de macro beatificación de “mártires de la Cruzada española” en Roma–, pero considera totalmente insoportable que un clérigo, sea este un sencillo cura de aldea o un obispo que no se pliega a los tópicos al uso, especialmente si es vasco y defiende democráticamente ideas muy arraigadas en su comunidad, se pronuncie sobre ciertos temas en los que impera el “pensamiento único”.

De modo que si a un obispo —monseñor Setién— que ha escrito un libro sobre la situación de violencia en el País Vasco hay que decirle, nada más y nada menos, que “si tienes corazón de verdad entrega el dinero del libro a tanto huérfano de la canalla etarra", pues se le dice, ¡faltaba más! Pero no es sólo eso, sino que en referencia al prelado que intenta dar su aportación en pro de la concordia, pueden añadirse cosas —con una supuesta actitud democrática y civilizada—, como que el “algún día, con o sin sotana, capa pluvial o dalmática tendrá que rendir cuentas”.

¡Madre mía, qué gente! Dan miedo.