jueves, 15 de noviembre de 2007 12:23
Juan Corcobado
Floriano y la castañera
HABRÍA QUE RECONOCER –si primase la ironía– lo arriesgado de la propuesta del líder del PP de Extremadura al Presidente de la Junta al comprometerse a cesar en sus funciones como diputado regional y senador si el tren de alta velocidad llegara a nuestra tierra en el año 2010; a cambio, eso sí, de que Fernández Vara presentase su dimisión si el tren no funcionara en dichas fechas. Esa supuesta igualdad entre lo que uno u otro perderían me recuerda la similitud que una castañera pretendía establecer entre su modesto negocio y el del banco a cuya entrada la buena mujer había instalado su puesto. Un mendigo pidió prestados a la castañera un par de euros para tomarse un café. “No puedo”, le respondió la mujeruca, “porque el banco y yo hemos firmado un contrato. Ni él puede vender castañas ni yo prestar dinero”.
De modo que por generosa que Floriano considere su oferta y por dialogante que Fernández Vara sea, me temo que el acuerdo no se va a producir: Jesús nos mandó ser hermanos, no primos. Habrá que aceptar en todo caso, ahora sin ironía, que al menos el senador plantea el debate con buenas maneras, algo de lo que tendrían que aprender algunos de sus correligionarios, cuya desesperación les hace incurrir en dislates. Es lo mismo que ocurre a nivel nacional. ¿Alguien duda de que con Ruiz Gallardón de cabecera de cartel electoral, en lugar de Rajoy, y no digamos en lugar de los integrantes de su guardia pretoriana: Acebes, Zaplana, las posibilidades de triunfo del PP serían mucho mayores que las actuales? ¿Alguien piensa que cada vez que habla Aznar, el de “créame: en Irak hay armas de destrucción masiva”, se incrementan las perspectivas de victoria de la derecha?
Releo lo anterior y me doy cuenta del error en que he caído. Porque, sí, se pueden encontrar muchos nombres en el PP de Extremadura a los que equiparar a Acebes, Zaplana: broncos, señoritos... o a Rajoy: grises, aburridos... Pero eso de equiparar a Floriano con Gallardón es desmesura que nadie en sus cabales se permitiría.