DESDE LUEGO, hubiera sido una lástima que el genio de Mozart se hubiera echado a perder porque la Consejería correspondiente no le hubiera otorgado una beca. Menos mal que, como en aquella época no había consejerías, Amadeusito llegó a donde llegó sin que nadie hiciera demagogia a su costa.

En fin, sé que éste es un asunto muy localista, que sólo entenderán los lectores cacereños, pero quiero manifestar públicamente mi acuerdo con lo escrito hoy en la edición impresa de este periódico por Antonio Sánchez Buenadicha. Por merecida que pudiera ser la ayuda recibida por el niño pianista -¡y su familia!- se supone que debieran existir unos controles que no dejaran a la discreción del político de turno otorgar a éste sí, a éste no, este tipo de ayudas. ¿Los ha habido? El caciquismo parece impropio de nuestra época. Digo yo, vamos. Y si me equivoco pido perdón.