Ayer, 17 de Julio de 2008, se cumplieron diez años del nacimiento de mi primer hijo, Carlos Javier. Parece que fue ayer es una expresión típica y tópica, pero es la pura realidad, el tiempo pasa volando, sobre todo cuando nos vamos haciendo may.... (no me atrevo a acabar la palabra). He asistido al nacimiento de mis dos hijos, pero aunque fuera tres años antes, recuerdo mucho mejor los detalles del primero, creo que eso no se olvida nunca. Y como sé que él no me lee, puedo decir que tengo su imagen grabada, era un “pellejino” largo con orejas formato “Cavila”, 2.700 gramos y 51 cms. Así calmé las preocupaciones de mi suegra, que creía que nos lo podían confundir con otro cuando se lo llevaron para hacerle las pruebas de rigor, diciéndole que ya le había fichado yo por los rasgos  descritos. Evidentemente, también recuerdo lo bien que se portó  Esther. Ser madre dicen que es muy bonito, pero yo certifico que es sacrificado y muy doloroso, al menos en aquella época, cuando no era frecuente aplicar la epidural. Se había mentalizado mucho para la llegada de aquel momento y supo mantener la calma en todo el proceso, yo la ví realmente concentrada en la tarea. Parece que fue ayer, pero diez años han dado para muchas vivencias, unas buenas y otras no tanto. Entre estas últimas tampoco olvido aquella tarde de 7 de julio de 2004. Carlos estaba con fiebre muy alta por culpa de una amigdalitis y eso le hizo entrar en convulsión, quedando inconsciente. Sufrí el peor momento de mi vida, así lo puedo manifestar. Para eso no estábamos preparados y la reacción fue instantánea, cogí al niño en brazos y tras pedir auxilio a los vecinos (yo creía que la señora del 5º C era doctora) y dejar a la pequeña Nuria con uno de ellos, lo trasladamos rápidamente a urgencias del HSPA. Recuerdo con gracia que Esther lo llevaba cogido en la parte trasera del Vectra, con el dedo metido en su boca, porque le dijo un vecino que así no se asfixiaría y gritándome que no fuera tan deprisa. Me alegré muchísimo que vomitara en el coche, porque en ese momento recuperó la consciencia. Por suerte todo quedó en un susto y se recuperó rápidamente, los niños son así. Pero, afortunadamente son mayoría los recuerdos positivos y, aparte de los personales, me gustaría destacar su primera experiencia fuera de casa. Sí, es que acaba de finalizar su paso por un campamento de verano en la bonita localidad de Valverde del Fresno/Valverdi du Fresnu y su comportamiento ha sido extraordinario. Ayer tuvo muchas llamadas de felicitación, sobre todo de la familia, pero aunque él no se haya dado cuenta, yo sí eché de menos alguna.

Muchas felicidades, Carlete, y …¡que cumplas muchos más!.