En las últimas semanas estamos asistiendo a un bochornoso espectáculo consistente en una variedad de circunloquios dignos de cualquier miembro de la Real Academia de la Lengua. Sirvió de aperitivo aquello de la “transferencia hídrica temporal” para no tener que reconocer el palabro TRASVASE (entre otros motivos porque algún político se jugaba la poltrona) y después han venido el famoso “desaceleración”, el recurrente pero nada realista ”dificultades objetivas” y otra pléyade de calificativos ofrecidos en la sesión de control del Congreso de los Diputados, como el de “situación difícil y complicada” (que por cierto, es una de las acepciones de la palabra tabú). Y todo esto para no llamar a las cosas por su nombre, al menos por el nombre que el común de los mortales utilizamos. Por el contrario, la oposición en bloque (que no sirva de precedente) hizo un análisis realista de la situación económica que vive el ciudadano de a pie: Incremento imparable de los carburantes, subidas de los alimentos y escalada de la luz (en torno a un 11%, ¡a ver cuando suben nuestros salarios algo parecido!) y otra vuelta de tuerca al euribor, para que la amortización de nuestras hipotecas se nos atragante un poquito más.

En definitiva, que cada vez somos más pobres (esto sí lo ha reconocido alguien del Gobierno), porque la diferencia entre lo que ingresamos y lo que gastamos es menor. O dicho de otro modo, el ahorro familiar, si es que existe, está siendo cada vez menor. Pero una cosa es que haya menos ahorro o incluso ninguno y otra muy distinta es que se caiga en situación de desempleo. Ahí sí que habrá un auténtico drama, porque el que llegaba a fin de mes tendrá que privarse de algunos extras, pero el que se quede sin ingresos al ser despedido tendrá que hacer algo más que filigranas con la prestación de desempleo. Y dicen que lo peor llegará después del verano.

 

Desde mi punto de vista, lo peor no es negar lo evidente, sino el hecho de que, si no se admite la situación en la que estamos, será muy difícil que se puedan y quieran adoptar las medidas que son necesarias para corregir, o al menos paliar, los efectos de la misma.

Y ya me supongo quien va a pagar el pato de esta situación, los de siempre, los sufridos funcionarios tendremos el sueldo metido en la nevera a partir del 1 de enero de 2009, y eso que este gobierno llevaba en su programa la recuperación del poder adquisitivo perdido, que creo que está más o menos en al 15%. Y no olvidemos que la inflación está en el 5,1%. Más pobres, en eso sí que han acertado.

Pues nada, que sigan escondiendo la cabeza bajo tierra, pero que le pregunten a los parados si hay o no CRISIS.