sábado, 12 de abril de 2008 19:48
Jose Carlos Bote
SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO

Tengo que entonar el “mea culpa” y reconocer que este asunto no me había interesado mucho hasta ahora. Quizá mi carácter práctico o realista tenía la culpa. Si yo no apreciaba los efectos negativos, el problema no existía.
Pero hete aquí que, desde hace un tiempo, todo el mundo coincide en lo “raro” que es ahora el tiempo o clima que tenemos. Observamos, sin dificultad, los templados inviernos, las prolongadas sequías o las espantosas riadas y tornados que padecemos. Pero lo que más me llama actualmente la atención son los cambios bruscos, y es eso precisamente, lo que me lleva a reflexionar sobre el tema. Pondré algunos ejemplos: El sábado 29 de marzo hizo un día espléndido, alrededor de 22 grados hacia el mediodía. Manga corta y jornada deportiva completa y agradable. Sin embargo, un día después, el Domingo, 30 de marzo, 13 horas, lluvia intensa, rachas desagradables de aire y bajada brusca de las temperaturas. Se necesita abrigo y ropa de invierno. El fin de semana siguiente, días 5 y 6 de abril sucedió algo parecido, el sábado hizo un día fenomenal (ruta ciclista con el colegio Licenciados Reunidos en manga corta) y ya el domingo empezó a torcerse la temperatura con un descenso considerable y aparición de nubes. Pero es que el viernes, día 11 de abril, a las 12 horas de la mañana teníamos en CC una temperatura de 8 º y a las 15,30 habíamos subido a 19º.
Evidentemente estos pequeños detalles pueden ser fruto de la simple casualidad o efecto de la primavera. Pero es lo que yo aprecio en la práctica, ya que no puedo ver ni el deshielo de los polos, ni las sequías de África, ni los huracanes del Caribe, ni los tifones en Asia.
Consecuencia de todo ello e indagando en la red, encuentro que los últimos informes científicos indican que la Tierra de ha calentado durante los últimos 100 años 0.74 grados centígrados y que en la atmósfera la concentración de dióxido de carbono y de los gases efecto invernadero alcanza unos niveles altamente preocupantes.
Y dicen los científicos que la principal causa es la emisión de gases contaminantes, consecuencia principalmente de las industrias, el tráfico y la ganadería, sí, la ganadería, me he quedado sorprendido. Dicen que el sector ganadero genera el 22% del total de las emisiones de efecto invernadero y lo explican por el desgaste medioambiental de las granjas, por la contaminación de las aguas, por la deforestación que origina la obtención de pastos, por los desechos animales y por el uso de fertilizantes y pesticidas para el cultivo de los forrajes. Nunca lo hubiera imaginado. A ver cómo se lo explico a mi padre, que se dedicó a eso del ganado hasta hace una década.
En resumidas cuentas ese es el problema, pero lo que nos debemos plantear desde ya son las posibles soluciones y ponerlas en práctica aunque sólo sea pensando en nuestros hijos. Y esas soluciones pasan evidentemente porque los gobiernos de los principales países “contaminantes” no sólo se comprometan a cumplir el “Protocolo de Kyoto”, sino que efectivamente lo lleven a efecto. Incipientes países como China o la India tienen mucho que decir, pero evidentemente también los más desarrollados, con USA a la cabeza. España también tiene un difícil trabajo por delante, no en vano es el país de la UE que está más lejano de cumplir los objetivos propuestos.
Pero yo estoy absolutamente convencido de que este problema mundial no se podrá encarar de forma seria si los ciudadanos de a pié no tomamos conciencia de él y empezamos, individualmente, a aportar nuestro granito de arena. Y ¿cómo?, pregunta mi amigo Diego, si no tengo fábricas, refinerías ni cementeras y apenas llego a distinguir una oveja de una cabra? Muy bien- le contesto - pero podrías separar los residuos para reciclar o ir al trabajo a pié o en bicicleta y prescindir diariamente de tu coche. Y en ese momento, el incisivo Diego contraataca reprochándome que yo hago lo mismo y me harto de dar vueltas con el coche hasta que encuentro el sitio lo más cercano posible a la Plaza de Santa María. Ah, Diego, pero ¿no te has enterado?. Pues desde que no tengo que ir a trabajar también al Complejo San Francisco, me voy a la “Dipu” en bici. ¡Qué gozada!