Esa es la afirmación que cada vez que comentamos el asunto me hace mi amigo Diego. Y por mucho que yo le rebata que Cáceres es Patrimonio de la Humanidad, con mayúsculas, él siempre me pone un ejemplo de “andar por casa”, que me hace dudar.

Yo le digo que el encanto de CC es lo que aquí llamamos la “parte antigua”, ni casco histórico, ni ciudad medieval. Y, en estos días, se debate profusamente en los medios sobre la conveniencia o no de restringir el acceso de vehículos a esa parte antigua y parece que se va a resolver el problema retirando 200 de las 700 tarjetas existentes. Y es entonces cuando Diego me pregunta: ¿es que si en vez de entrar 700 vehículos “solo” entran 500 ya sale bien la foto del turista y ya no se daña el patrimonio histórico? Y es entonces cuando a mí se me queda la cara de tonto, porque no encuentro argumentos para contestarle. La frase favorita de Diego es que en el centro está la virtud y suele aplicarla a todas las situaciones. Y es aquí donde le he pillado, porque él dice que o nadie o todos en la parte antigua y que como no puede cerrarse a cal y canto, concluye que Cáceres sea para los cacereños. No entiende que si la razón es proteger el patrimonio histórico y cultural de la contaminación de los coches y la negativa imagen que se da a los turistas, con la simple restricción de una cuarta parte de las tarjetas de acceso se solucione el asunto.

Mi análisis de este tema es un poco más complejo, supongo que condicionado por el hecho de que yo estoy directamente implicado por trabajar allí. Desde mi punto de vista el problema está claramente delimitado y a él nos hemos referido. Sin embargo creo que cuando de habla de los afectados no se dice claramente que son los residentes, las empresas suministradoras y los trabajadores de los organismos públicos y privados que tienen su sede en esa zona de Cáceres. Aunque tímidamente se ha hablado de los trabajadores del Rectorado, nos olvidamos de los de la Diputación, del Ministerio de Fomento, de la Consejería de Cultura, del Gobierno Militar, del Archivo Provincial, del Obispado y hasta de los Museos. Evidentemente todos debemos ver con buenos ojos toda la protección que se lleve a cabo en la parte antigua, pero indudablemente antes de poner en marcha medidas restrictivas hay que arbitrar las soluciones o alternativas que, en su conjunto, las hagan viables. Es decir, todos entenderíamos que se cerrase a cal y canto, si la finalidad es la protección de la contaminación ambiental y acústica. Pero hay que ponerse en el pellejo del residente que tiene hijos pequeños o padres mayores y necesita del vehículo a diario. También en el del trabajador que vive en las afueras de Cáceres o incluso en otras localidades, como Teresa que cada día viene desde Trujillo o Arsenio desde Moraleja. Yo no soy la persona más indicada para proponer soluciones, porque no soy experto en esa materia, pero supongo  que la construcción de algún parking en las proximidades sería una buena opción si se dieran facilidades a residentes y trabajadores. También el transporte público rápido y económico o incluso gratuito podría ayudar a que muchos de los trabajadores que ahora se ven necesitados de acceder con sus vehículos, cambiaran sus hábitos diarios y contribuyesen de una manera más global a la protección del medio ambiente. Mientras tanto, sigo buscando razones para rebatir que Cáceres sea sólo para los cacereños.