Un minuto antes de sonar el despertador, ya estaba escuchando las noticias en la radio. Son las 6,00 del 9 de Marzo de 2008. Día D.

El motivo del madrugón es que mi empresa, la Diputación de CC, me manda a trabajar a una de las localidades de la provincia que carecen de Secretario y que dista de mi casa de CC exactamente 152 kms. Debo desempeñar allí las funciones de Delegado de la Junta Electoral de Zona, como tantos otros compañeros que, con su esfuerzo y trabajo silencioso, hacen posible que los procesos electorales discurran sin complicaciones o que si estas se producen, se solucionen inmediatamente.

Como es demasiado temprano tomo un ligero tentempié (vaso de leche con cereales) y antes de las 6.30 estoy saliendo de CC, por la A-66 dirección a Plasencia. El termómetro del coche marca una temperatura de 5 grados, que bajan a 3 justo en el acceso a dicha autovía. Desde ese punto, al fondo a la derecha, se observa el esplendor de una ciudad iluminada, de la que destaca la sucesión de farolas que marcan el camino a la Montaña. Ya en ruta pongo el “piloto automático”, 132 kms/hora, ni uno más. Hay poco tráfico y pienso si serán currantes como yo o gente que vuelve de “la marcha y la movida”, como diría mi cuñado Fernando.

A las 7.05 h. abandono la A-66 y tomo la Ex A1 por la rotonda más grande que nunca he visto. Como voy en dirección este, se nota que el día comienza a clarear,  se ve el cielo salpicado de nubes en dirección al norte (izquierda de la carretera) y totalmente despejado al sur (a la derecha). Al cruzar el Rio Tiétar un gran bando de patos me sobrevuela en forma de uve. En esta zona la temperatura baja hasta los 2 grados, empiezo a ver los pueblos de la Vera, a la vera de Gredos. Es un paisaje espectacular porque el sol, que ya se adivina, está reflejando sus rayos en las nubes, que se tornan rojizas por momentos.

A continuación abandono la autovía Ex A1 y tomo la A5 dirección a Madrid. En los primeros kilómetros modero la velocidad porque sé que en esa zona hay al menos 2 radares fijos. Son las 7.30 horas y la luz de día cada vez va siendo más notable. Ya no se adivinan, sino que se ven los pueblos de la Vera, uno tras de otro en las faldas majestuosas de la montaña, que ahora, a la izquierda, está cubierta de nubarrones. Nunca he logrado saber cual es cada uno de ellos. Supongo que el mas grande es Jaraiz, pero es sólo eso, una suposición. Mi coche marca 137 kms y estoy saliendo de Extremadura. A poca distancia abandono la A 5 y tomo una carretera provincial de Castilla la Mancha donde un cartel anuncia un pueblo a 3 kilómetros y otro a 11. Este último es mi destino. A diferencia del trayecto ya recorrido  la carretera está en malas condiciones, ¿será porque pertenece a dos Comunidades diferentes?. Vuelvo a entrar en Extremadura sin ver ninguna cigüeña, y una vez superado el primero de los pueblos y digo superado porque hay 6 bandas sonoras en aproximadamente 1000 metros que hacen crujir las cervicales, se atisban las obras de urbanización del Complejo Turístico que a buen seguro va a cambiar el presente de esta zona y a permitir un futuro más próspero para sus habitantes. Son las 7.50 horas, he llegado a mi destino. El cuentakilómetros marca exactamente 152.6.

¿Sabrás, avezado lector, de qué pueblo se trata? La verdad es que está “lejo”.