Y no es que, como se dice vulgarmente, mi suegra tenga “mucho morro”, sino que ayer le dimos una sorpresa con motivo de la celebración de su 65 cumpleaños.

Nunca le había visto una cara tan desencajada cuando su madre, su marido, sus hijos, hijos políticos, nietos, hermanas y sobrinos la estábamos esperando tras la puerta de entrada de la casa y le hicimos el recibimiento sorpresa que nunca se habría imaginado. Llegó “engañada” por la ideóloga del invento, su hija mayor, que la sacó de casa el tiempo suficiente para que se anticipara toda la “trupe” que, con una algarabía impresionante y encabezada por sendas pancartas que portaban sus nietas, hizo posible tamaña sorpresa. Ya a los postres, Teo me preguntó si se me había acabado la tinta del blog, porque últimamente me prodigaba poco. Y le contesté sinceramente: “Pues sabes el motivo. Ahora de lo que me apetecería escribir es de la situación política, pero me hice una autopromesa desde que comencé esta aventura virtual y era que no escribiría de política, mejor dicho de partidos, que no es lo mismo”. Teo, que conoce bien el paño y que comenta la actualidad con varios blogeros, me recomendó que no transgrediese ese compromiso. Y yo le voy a hacer caso. No diré una palabra referida a tal o cual partido, pero es inevitable que me refiera a dos hechos que han ocurrido en los últimos días.

El primero y más grave es la actitud antidemocrática que se está sucediendo con una frecuencia ya preocupante y que consiste en impedir a determinad@s polític@s participar en los actos organizados por sus partidos con motivo de la campaña o precampaña electoral, es decir se está limitando el derecho a opinar, la libertad de expresión. Hechos que se agravan por haber sido protagonizados por grupos de jóvenes y en sede universitaria, lo que da mucho que pensar con respecto a la calidad de la educación recibida. Pero si esas actitudes son radicales, hay algo más preocupante todavía y es que un estado democrático de derecho no sea capaz de asegurar la libertad de expresión en pleno siglo XXI. Siempre he dicho que “hablando se entiende la gente”, pero evidentemente, para que eso pueda producirse, de alguna manera hay que garantizar la posibilidad de hablar, el derecho a expresarse de forma libre.

Otro hecho que me ha llamado poderosamente la atención ha sido la noticia de que una persona muy relevante de la política española, para  más señas se la considera la mujer más poderosa de nuestro país, se haya empadronado irregularmente en un municipio en el que no reside. Este hecho carecerá de importancia para la mayor parte de los e-lectores, pero  los que trabajamos en la administración local y conocemos que el art. 54 del Reglamento de Población dice que “toda persona que viva en España está obligada a inscribirse en el Padrón del Municipio en el que resida habitualmente”, no llegamos a entender dicha decisión, cuando de todos es públicamente conocida su ciudad de residencia. Yo entiendo que en política es difícilmente justificable el presentarse a las elecciones por una provincia en la que no se vive, pero eso lo tendrán que valorar los electores. Aunque lo esperpéntico del caso es la explicación dada: “tiene familia en este municipio y acude regularmente por la festividad de Todos los Santos”.No me gustaría estar en el pellejo del Secretario de Beneixida, Valencia.

Por cierto, muchas felicidades, Marisol.