Es una auténtica paradoja, pero cierto como la vida misma. Lo que pretendía ser el "Centro Comercial  Abierto" de Cáceres ha tenido que cerrar... antes de abrir. Y ya no es hora de pedir culpables, la imagen de la ciudad ha quedado por los suelos y eso es lo que más duele.

 Además, la calle sabe muy bien quienes son los responsables y no precisamente los fenómenos meteorológicos. Ya hace varias semanas me lo decía un compañero: ¿Cómo es posible que estén instalando los toldos y el microclima en otoño, si se entiende que esa medida se ejecuta para mitigar la caló? Y yo, ante la cara de circunstancias de mi interlocutor , le repondía que la culpa era del principio de anualidad presupuestaria y me quedaba tan fresco. Evidentemente esta explicación no se le puede dar al ciudadano que paga religiosamente sus impuestos, porque nos cruzaría la cara con su mirada, pero apuesto caña y pincho de tortilla a que todo ello es consecuencia de una subvención que debe estar justificada antes de que finalice este año. AECA, que es la Asociación que ha gestionado el proyecto ha manifestado que los toldos estaban instalados para que el próximo jueves se llevara a cabo la inauguración oficial. Y muchos nos preguntamos qué se pretendía inaugurar, ¡un microclima de verano en otoño!. Algo no cuadra en esta historia. Pero la explicación vuelve a estar en el famoso principio de anualidad presupuestaria. Se supone que la Asociación ha sido adjudicataria de una subvención para ejecutar el proyecto y así lo ha hecho, ya que, si antes de finalizar el año no se gastan y justifican los dineros, nos quedamos sin ayuda y, evidentemente, antes muerto que sencillo. Evidentemente ningún cacereño debe alegrarse por lo sucedido. La imagen la sido patética, todas las calles afectadas estaban cerradas, los negocios incluídos. Y pudo ser mucho peor, si la cornisa desprendida hubiera pillado a algún viandante. Esperemos que esta triste experiencia nos sirva de ejemplo, pero de ejemplo de cómo no debemos hacer las cosas. Si la teoría de la subvención es cierta, seguro que, a través del diálogo se podría haber encontrado alguna solución. A bote pronto se me ocurre una: dejar de echarle la culpa al principio de anualidad presupuestaria.