domingo, 31 de agosto de 2008 6:26
Javier Figueiredo
La educación y los ciervos
Acabo de leer un magnífico libro de
Eduardo Galeano, titulado
Espejos, en el que cuenta 600 pequeñas anécdotas sacadas de la Historia
con mayúsculas y que nos ayudan a pensar sobre lo que queda oculto al
margen de las glorias. Uno de esos pasajes hace referencia a la condesa
Dhuoda, que allá por el siglo IX escribió en latín un
libro de consejos para la educación de su hijo. Es digno de recordarlo
en unos momentos en los que hay demasiada gente abogando por esa
concepción rancia de la educación que tiene como pilares la disciplina,
la autoridad y el tan manido esfuerzo. La condesa, lejos de apostar por
las imposiciones, usaba los verbos aconsejar, mostrar y sugerir como
elementos fundamentales de la educación, al tiempo que invitaba a
aprender de los ciervos. Estos animales atraviesan los anchos ríos
nadando en fila, uno detrás de otro, con la cabeza y el cuello apoyados
en el lomo del anterior. De esta manera, unos se sostienen a otros y
les permite a todos atravesar el río más fácilmente. Cuando ven que el
primero está cansado, lo hacen pasar al último puesto y otro se coloca
en primer lugar. Después de leer esto uno no deja de asombrarse con la
diferencia entre este pasaje y lo que muchos preconizan para nuestras
escuelas, que no es otra cosa que colocar a todos los ciervos en
posición de salida, dar el pistoletazo y hacerlos competir hasta ver
quién llega el primero y quiénes son los engullidos por la corriente.
El
Liber Manualis no hablaba de nuevas tecnologías, ni
de ordenadores por alumno, pero en algunos momentos superaba en
humanidad a quienes añoran la vieja escuela.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 25 de agosto de 2008.