lunes, 31 de diciembre de 2007 17:06
Javier Figueiredo
Cachetes y azotes

La reforma del código civil para adaptar la
legislación española a los diferentes acuerdos internacionales de
protección a la infancia ha hecho correr tinta. Resulta llamativo el
intento de algunos para interpretar que la nueva redacción no impide
ese cachete que, como nos dicen repetidamente, nunca viene mal si se da
a tiempo. Me ha escandalizado escuchar una tertulia de radio en la que
una periodista decía, literalmente, que no podía entender cómo se puede
educar a un niño sin cachetes ni azotes. Luego están los que afirman
que a ellos les pegaron y no tienen traumas, cosa que me parece muy
bien (que no tengan traumas) pero que no justifica que haya que repetir
comportamientos indignos. Creo que en este asunto estamos como hace 40
años con la violencia machista. Entonces se veía lógico que un marido
pudiera corregir a su mujer con una bofetada porque era su propiedad
privada y hoy ocurre lo mismo con los niños: hay quienes piensan que
tienen derecho a ejercer la violencia contra sus hijos. Me contaba una
psicóloga que había visto a una madre azotando la mano de su hijo
mientras le decía: “¡no se pega!” El niño recibía dos mensajes, uno
verbal y otro ejemplarizante, pero éste último es el que siempre
prevalece. Además, hay una norma básica de la educación que es la de no
usar como método lo que se pretende criticar o corregir: si no queremos
que nuestros hijos peguen, no podemos intentar corregirlos con azotes.
Pegar a un niño supone legitimar que la violencia, aunque sea en
pequeñas dosis, sirve para conseguir un fin. Y creíamos estar de
acuerdo en que era siempre injustificable. ¿O no?
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 31 de diciembre de 2007