lunes, 03 de diciembre de 2007 16:13
Javier Figueiredo
Contra el fascismo
Cuando vimos las imágenes de la agresión a una
ecuatoriana en el metro de Barcelona hubo quienes pusieron el grito en el cielo
por la inacción de la otra persona que aparecía en la imagen. Luego supimos que
este testigo auxilió a la víctima y le recomendó que presentara la denuncia
oportuna. Si se hubiera atrevido a decirle algo al agresor, tal vez habría
acabado todo en una pelea y la cosa habría quedado como un enfrentamiento entre
jóvenes. Semanas después muere asesinado en Madrid un chico de los que no se
callan al ver a los racistas vanagloriarse: su actitud valiente le siega la vida
con tan solo 16 años frente a un soldado que llevaba encima un machete de
24
centímetros. Y es entonces cuando los mismos que
criticaron la pasividad del testigo del metro de Barcelona, meten en el mismo
saco a los racistas de Madrid y a los antifascistas que nos advierten del mal
que se nos avecina. Ese mal acaba llegando a la puerta de casa: un joven
extremeño ha estado hospitalizado con una herida de acero en el pecho y persiste
un interés incomprensible en confundir el asunto con reyertas entre bandas
rivales y vendettas de capuletos y
montescos. Para ser antifascista no hay que pegar patadas, tirar atriles, ni
romper escaparates, pero es necesario serlo y no permitir calladamente que el
discurso nazi, fascista y racista se acabe asentando como una opción más. Si no
tenemos claro que esto es un problema político, estaremos cayendo en un error
que el tiempo nos hará lamentar. Por eso, lo más urgente es establecer ya un
plan de prevención del racismo y la xenofobia antes de que los huevos de la
serpiente se vuelvan a abrir.
Publicado en la contraportada de ELPERIÓDICO EXTREMADURA el 3 de diciembre de 2007.