En dos días hemos vuelto a saber de fascismo y antifascismo con resultado de muerte.

 

Primero empezó Hugo Chávez, personaje que me ha traído muchos desencuentros con amigos y gentes de la izquierda  por haber criticado sus formas. No me han gustado nunca. Ni cuando intentó dar un golpe de Estado, ni cuando se ha dedicado a hacer populismo barato en un programa televisivo, ni cuando canta, ni cuando usa un lenguaje poco respetuoso o machista, ni cuando hace ostentación de un militarismo que me repatea, ni cuando se muestra torpe al no renovar algunas licencias de televisión, ni cuando pretende cambiar la Constitución para hacerla parecida a las de países como Alemania o España, donde -¡no nos olvidemos!- un mandatario puede ser elegido indefinidamente.

Y hasta aquí me cae mal Chávez. Porque me cae incluso mucho mejor que Lula, tan apreciado por occidente desde que dejó de ser de izquierdas y se basa en un partido y en un poder tan corrupto como los de FHC y Collor de Mello. Y mucho mejor que su vecino Uribe, del que podría escribir un libro, o Alan García

Puestos a elegir me quedo, de momento, con el coherente Evo Morales, que si tiene que plantar cara a las multinacionales lo hace, conservando la dignidad y sin rebajarse a vestir como un payaso occidental.

Sobre el teatrillo de Chile podemos decir unas cuantas cosas Parto de la base de que cuando uno interviene en un foro público debe aportar ideas al debate, defender sus posiciones y demostrar hechos que a cualquier persona con capacidad de raciocinio le lleven a determinadas conclusiones. Si Chávez quería informarnos de que Aznar es un fascista, podría habernos contado la actuación del entonces Presidente español durante los días de abril de 2002. Quienes tenemos que saber si Aznar es o no un fascista sabemos qué cosas ha hecho y cuáles no, qué cosas son propias de fascistas y cuáles no lo son, pero ponerse a llamar fascista a un profesor de Georgetown en plena cumbre Iberoamericana es una soberana estupidez que ayuda muy poco a quienes pensamos que América Latina necesita cambios profundos que la saquen de la pobreza.

No entraré a valorar si la persona y los modos de quién mandó callar a Chávez eran  los más o los menos indicados. Está la cosa muy mal para ir a la cárcel por exponer una opinión, así que me la guardo para tiempos mejores (y tricolores).

 

El diccionario de la Real Academia define fascista

1. adj. Perteneciente o relativo al fascismo.

2. adj. Partidario de esta doctrina o movimiento social. U. t. c. s.

3. adj. Excesivamente autoritario.


 

Seamos sensatos: Aznar no responde a la primera acepción. Hoy tampoco es partidario abiertamente de esa doctrina de la segunda acepción, aunque cuando era inspector de Hacienda en Logroño,lo disimulaba poco. Tampoco se le conoció en ningún círculo antifascista mientras estudiaba en la Universidad en tiempos de Franco, que un poco fascista sí que era.

Nos queda la tercera acepción, que no sabía yo que la Academia la hubiera incluido.

A tenor del contenido tendríamos que decir que hay miles de fascistas en el mundo, de derechas y de izquierdas. De hecho yo he sufrido a personas "excesivamente autoritarias" en organizaciones muy de izquierdas.

Así que yo no me atrevería a llamar fascista a Aznar. Eso sí, que en la Ley de Extranjería del año 2000 impulsada por Aznar y Big Ear, se impidiera a personas el derecho de reunión, asociación o manifestación en virtud de dónde habían nacido, se puede considerar ligeramente fascistoide.

Ahora se explica que la mayor oreja de aquel gobierno no quiera condenar el régimen de Franco porque "muchas personas vivían (podía haber dicho vivíamos) muy placidamente en aquellos años.
Pero vamos a lo más grave:
Hoy a muerto un joven antifascista en Madrid. No se trataba de un asesinato "excesivamente autoritario" sino de FASCISMO PURO Y DURO, con el que no se puede tener ni medias tintas, ni considerar hecho aislado, ni meter en el cajón de la "lucha entre bandas". No. Se autorizó una manifestación racista en Madrid y hubo quien tuvo la infeliz idea de contramanifestar, algo que sirve de poco. Es mejor manifestarse en favor de.
Pero el racismo está calando y muy peligrosamente.  Y hay que hacer algo. Lo primero no quedarnos callados cuando en el tranajo nos digan "Yo no soy racista PERO..." Porque lo que viene a continuación es SIEMPRE una prueba de racismo ante la que el silencio es cómplice. Recordemos a Berthold Brecht.
En Extremadura somos menos racistas, de momento, porque no tenemos de quién serlo. Aprendí de un gitano de Zafra llamado Agustín "que el racismo siempre se ceba en la minoría mayoritaria". Eso está haciendo que en algunos lugares sean los marroquíes, los rumanos o los ecuatrorianos los que han sustituido a "nuestros" gitanos de toda la vida. Pero el germen del racismo está y hay quien no quiere vacunarse.