LA MUERTE LITERARIA EN SEDAH STREET

Francisco Rodríguez Criado

Lo primero que llama la atención al hojear –e incluso ojear, sin hache– Sedah Street es el formato del libro: su tamaño grande, inusitadamente grande, y lo cuidado de su edición, inusitadamente cuidada para lo que suele ser habitual en este género, nos advierte, aunque sea de manera casual, de que no se trata de una recopilación de relatos al uso. Y esta es precisamente la segunda característica a destacar antes de adentrarnos en su lectura: que aun siendo promocionado como una recopilación de relatos no lo es exactamente, sino que resulta más bien una obra fronteriza donde tienen cabida diversos géneros (con predominio del relato, sí, pero también un poema y un par de monólogos teatrales) anclados a un denominador común: la muerte literaria.

Dice su autor, Marino González Montero, que su intención al tomar la pluma es ir conformando con el paso del tiempo un único libro. De ahí –esto ya no lo dice él sino yo– que Sedah Street comparta con sus obras anteriores, En dos tiempos (2004) y Tangos extremeños (2006), cierto regusto por la estampa semiestática, de corto desarrollo, donde se agitan en tempo lento ingredientes como la digresión, la atmósfera densa, la ternura o el culturalismo, dando como resultado un cóctel de alto contenido literario.

Sedah Street, como En dos tiempos, rompe –aunque no necesariamente siempre– con la tradición del cuento clásico estructurado en el trinomio presentación, nudo y  desenlace. Los suyos son textos que con cierta frecuencia irrumpen sin presentación, ignoran el nudo y desconocen el desenlace. No importa. En ellos no prima la intención de contar una historia sino que se conforman con sugerirla. Son creaciones exigentes, porque requieren del lector mucha concentración y ciertos conocimientos literarios. Y es que a Marino González le gusta contextualizar, esto es: introducirse en los resquicios que dejan al descubierto las obras y vidas de otros autores. Ejemplos: El rey Lear de Shakespeare se asoma en el primer cuento, “Extraños en un tren”; los poetas García Lorca y Robert Lowell respiran en “Poeta muere en Nueva York”; en “La jardinera”, Zenobia Camprubi riega sus últimos pensamientos mientras escucha en la radio que su marido, Juan Ramón Jiménez, acaba de ganar el premio Nobel de Literatura; en “Melibea, de dulce nombre”, nuestro universal personaje se lanza al vacío desde una torre, simbolizando en su muerte la de tantas mujeres de la época que se veían obligadas a “abrir piernas para desfogar calenturas”. Por no hablar de esos anónimos amantes de Mantua que murieron en tierno abrazo cuando no tenían nadie que escribiera sus pasiones; o el monólogo en el que Marino González imita el estilo de la escritora Pilar Galán “en un cuento al modo de Carlos Lencero para ser leído en voz alta”.

Creo que hay mucho más que decir, pero nada más que deba decir yo. Hace unos días estuve en la presentación en Cáceres de Sedah Street y puedo asegurar que el libro gana en intensidad y claridad cuando nos llega de la voz de su autor, que hoy honra este taller con su presencia.

Es hora, pues, de disfrutar de su compañía.  

Marino González Montero (Almaraz, Cáceres, 1963), escritor, fundador de la revista La Luna de Mérida y director de la editorial de la luna libros, participó como autor invitado en el taller del cuento y la poesía de Alburquerque el 20 de noviembre de 2007. Este texto a modo de presentación fue escrito ex profeso por el monitor del taller, Francisco Rodríguez Criado, cuando hacía apenas un par de semanas que Sedah Street había visto la luz. 

Ficha técnica

Título: Sedah Street

Autor: Marino González Montero

Editorial: lf ediciones (Béjar)

Fecha de publicación: octubre de 2007

Caraterísticas del libro: 52 páginas en formato grande, con sobrecubiertas de cartulina. Portada de MIKELO.