domingo, 25 de mayo de 2008 22:28
Felipe Sánchez Barba
Laicismo, laicidad y libertad religiosa
Desde que la Vicepresidenta Fernández de la Vega anunciase la
futura modificación de la Ley de Libertad Religiosa, cuyo actual texto data de
casi treinta años, parece que han surgido un gran número de colectivos y de
reivindicaciones en torno al laicismo y en contra de la religión, en mi opinión
llevadas a niveles de radicalidad injustificados e incluso me atrevería a decir
claramente polarizados hacia la Iglesia Católica. Sinceramente no entiendo algunas
conductas en contra de los símbolos y tradiciones católicas, y la beligerancia
con la que parece se están abordando. La laicidad- que no el laicismo- según el
catedrático de la Complutense, Gregorio
Peces-Barba, “es una situación, con
estatus político y jurídico, que garantiza la neutralidad en el tema religioso,
el pluralismo, los derechos y las libertades, y la participación de todos”,
y por tanto amparada por el estado, tal
y como se recoge en la Constitución
Española de 1978 que reconoce la
libertad religiosa y de la confesionalidad del Estado (artículo 16.1) y tiene en
cuenta las creencias religiosas de la sociedad española, mantiene las
relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones, tal
y como se específica en su artículo 16.3, además de que desvincula claramente
el Estado de las confesiones religiosas. Con lo cual, parece que los límites
están, al menos desde el punto de vista constitucional, demasiado nítidos como
para plantear conflictos.
Con respecto a la libertad
religiosa, parece lógico que la situación contextual en nuestro país, específicamente
la existencia de una mayor pluralidad religiosa, supone un trato igualitario
para todas y cada una de las confesiones religiosas reconocidas y por tanto, una
necesaria revisión de las normas constitucionales establecidas, fundamentalmente
porque existe una mayor diversidad que hace que la anterior ley se haya quedado
obsoleta en algunos aspectos. Ahora bien, eso es algo que ya recoge y ampara la
Constitución, y que parecen no tener presente quienes lanzan cruzadas
mediáticas en defensa del laicismo del estado, y en contra de la Iglesia.
Curiosamente, llama poderosamente la atención, que las acciones que se han
emprendido parecen estar dirigidas a una sola de las religiones, la católica,
quizá porque se piensa que ahora es el momento y que las condiciones y
connotaciones políticas son idóneas. Me temo que en este sentido, van a dar en
hueso, y en contra de lo que pudiera parecer, a pesar de los recientes
enfrentamientos Iglesia-Estado, en este país el cristianismo tiene mucho peso, lo
que en mi opinión supone una maniobra arriesgada y en ningún caso, avalada por
la mayoría necesaria, que ve en tales movimientos otro tipo de intereses,
demasiado ambiguos.
Los hechos surgidos recientemente- algunas de ellas en
Extremadura- en torno a este asunto, me parecen un tanto radicalizadas y fuera
de contexto, sin perder de vista mi respeto hacia la libertad de opinión que todas
las personas tenemos. Lo queramos o no, nuestra cultura, historia y modelo de
convivencia, están llenos de connotaciones y elementos relacionados con el
catolicismo, la mayoría de los días festivos señalados en el calendario tienen
que ver con él, y no por ello renunciamos a disfrutar de ellos. Podríamos citar
muchísimos ejemplos que avalan estas afirmaciones, y me gustaría saber si la
mayoría de ciudadanos estarían dispuestos a privarse de ellos, pues
sencillamente –independientemente de nuestra confesión, si es que la tenemos-
asumimos ciertas normas establecidas y no nos cuestionamos para nada su
procedencia o no, porque simplemente nos interesan. Por tanto, tengamos
paciencia a la hora de abordar estos asuntos del laicismo, la laicidad y la
libertad religiosa, porque tienen mucha importancia y repercusión en las
personas. Emprender esta reforma,
influenciados por algunos movimientos sociales y sin el debido
conocimiento y profundidad, llevaría a una confrontación social de gran calado,
que bien creo, no sucederá en este país.