lunes, 14 de abril de 2008 20:28
Felipe Sánchez Barba
Fondos para el desarrollo rural
A falta de que la Comisión Europea de el visto bueno al
Programa de Desarrollo Rural de Extremadura (PDR), que previsiblemente se
realizará en las próximas semanas, el MAPA ha distribuido ya un montante de poco
más de 106 millones de euros para medidas específicas de desarrollo rural, que
serán financiadas en su mayoría por el nuevo Fondo Europeo Agrícola de
Desarrollo Rural (FEADER) y cofinanciadas por el Estado y las Comunidades
Autónomas. Se trata del montante más generoso que ha recibido Extremadura desde
que se iniciasen este tipo de programas a principios de los años 90, pasando de
una cantidad de 69.411,8 euros en el periodo 1994-1999 a poco más de 9 millones
para el periodo 2007-2013. Por regiones, Extremadura ocupa el quinto lugar en
dotación de fondos, excluyendo otras asignaciones presupuestarias ligadas a
otros programas, al margen del desarrollo rural.
Otra cuestión bien distinta es vaticinar dentro del territorio
extremeño, y una vez aprobado el PDR regional, cómo quedará el reparto,
específicamente en lo que a Grupos de Acción Local y a programas comarcales se
refiere, y cómo se favorecerá a las zonas más desfavorecidas y con menor
desarrollo socioeconómico, las que, a pesar de que se ha avanzado en los últimos
años, necesitan de un mayor impulso y de un mayor apoyo para poder lograr esa
convergencia a la que esta llamada toda la región, y que definitivamente nos
aleje de los ratios negativos de renta que nos sitúan por debajo de la media
europea. En este sentido se hace necesario un importante esfuerzo político para
calibrar y equiparar a los territorios o comarcas más rurales, con las
consideradas con un menor grado de ruralidad, y que presentan un mayor
desarrollo económico, social y cultural, a pesar de que la práctica totalidad de
nuestra región es considerada rural. Para mí, y es una opinión muy personal, el
carácter rural suele estar asociado a mayor despoblamiento, menos recursos y
mayores carencias. Por tanto, buscando también esa estrecha relación entre
agricultura y desarrollo rural, entre las actividades tradicionales agrarias y
las nuevas formas de creación de riquezas en los entornos menos urbanizados,
incluso con la implantación de industrias no agresivas, se debe reflexionar en
profundidad para equilibrar –ahora que están en boga- las balanzas fiscales del
medio rural.
Algunas zonas de Extremadura tienen un potencial enorme, unos
recursos endógenos, humanos y naturales, únicos y extraordinariamente sensibles
a posibles desequilibrios provocados por cálculos erróneos o por otras
motivaciones. El momento que vive Extremadura es bueno, el contexto que
Fernández Vara ha perfilado para el futuro tiene peso e inspira confianza
al diálogo y al consenso, no sólo en cuestiones de empleo, también en el
desarrollo equilibrado y sostenible de todos los territorios por igual. En ese
camino han de aventurarse y ser cómplices también los actores del medio rural,
hombres y mujeres, con tremendas y amplias brechas con respecto al medio urbano,
pero con una fuerza singular. De nada sirve la voluntad y el afán de superación
que se ha iniciado en las comunidades rurales en los últimos quince años,
salvando no pocos obstáculos, si no se les dota e impulsa lo suficiente para
ganar el futuro sin complejos ni diferencias, con medidas innovadoras, con leyes
- como la aprobada al final de la pasada legislatura de Desarrollo Sostenible
del Medio Rural,- y sobre todo con inversiones y con incentivos al desarrollo
económico, social y cultural.
Por tanto, es mi deseo -como persona vinculada a un territorio
rural inmerso en una maraña de dificultades de todo tipo, y por tanto conocedora
profunda de las necesidades del día a día- que el punto de optimismo que los
fondos europeos aún nos dejan, no se vea truncado por otro tipo de desajustes,
de connotaciones sociopolíticas que no hagan sino desvirtuar el camino iniciado
y borrar del territorio algunas alianzas estratégicas, claves para el futuro de
los pueblos y de sus gentes.