La Universidad de Extremadura está de enhorabuena, al menos eso es lo que piensa un ciudadano de a pie como yo, al conocer algunos de los acuerdos adoptados por el ejecutivo regional en el primer Consejo extraordinario de la era Vara. Sin duda el hecho de que la Junta de Extremadura se haga cargo de algunos de los gastos más gravosos de la institución es una inyección de futuro con sabor a saneamiento y a nuevos propósitos de futuro, que sin duda hacen vislumbrar nuevos tiempos en el campus extremeño.
 
El hecho de que se haya pensado en crear una escuela de negocios impulsada y dirigida desde el campus extremeño es quizá uno de los proyectos más ambiciosos y necesarios para una región como la nuestra que comienza a abrirse camino en el panorama nacional con identidad propia. Es una buena estrategia para complementar otras medidas que desde el ejecutivo se pongan en marcha para abordar esta nueva Extremadura, esta segunda transformación a la que tantas veces se refiere Guillermo Fernández Vara, y una apuesta clara por fortalecer y fomentar algunos proyectos ya iniciados en el Campus que tienen mucho que ver con la creación de empleo, la modernización de las empresas, la cualificación de empleados y directivos, y en definitiva con el desarrollo y progreso de esta región.
 
Ahora, está por ver cuáles serán los mecanismos que lo harán posible, cual será el peso político que tendrá y si realmente se va a mantener la independencia que se supone debe tener una entidad como la Universidad, y si esta nueva etapa servirá para estrechar más las relaciones entre la sociedad, las empresas y la propia Universidad, potenciando la investigación, la innovación y la participación social en los diferentes estamentos que conforman esta institución.
 
Buenas perspectivas por tanto para nuestra joven Universidad, y buenas energías para quienes tendrán mucho trabajo que hacer, entre ellos el equipo humano del Departamento de Relaciones con las empresas.