martes, 01 de enero de 2008 17:16
Felipe Sánchez Barba
Confrontación a causa de la familia
Resulta lamentable, que una vez más la jerarquía
de la iglesia católica se enfrente de nuevo al gobierno de Zapatero, en
esta ocasión con el concepto de familia, algo que creo hemos superado,
o al menos estamos en fase de superación, quienes nos sentimos a la vez
parte de la iglesia y también comulgamos con las políticas de progreso
y de igualdad impulsadas en esta última legislatura. A quienes estamos
continuamente tendiendo puentes entre ambos extremos, no por nada, sino
porque estamos convencidos de que siempre hay un espacio para el
entendiemiento y todo es posible, máxime cuando lo importante es la
voluntad y la firmeza de hacerlo, nos preocupa que quienes ostentan el
poder en la iglesia, herederos de los valores encerrados en los
evangelios y en otros documentos cristianos, puedan estar sembrando
-espero que de manera no intencionada- discordia y desasosiego en un
país aconfesional, donde la amplia mayoría de ciudadanos han apoyado
algunas cuestiones, a mi modo de ver ya superadas, como lo es el hecho
de que se haya conformado una nueva dimensión social de la familia.
Decía hace pocos días en mi
blog
personal que lo importante no es cuestionarse ahora si la familia tiene
que ser cristiana, agnóstica o de cualquier otra clasificación que se
quiera establecer, en función de religión, miembros, tipología de los
miembros, etcétera. Más bien lo importante es plantearse si la unidad
familiar, los valores que se encierran en ella, la ingente labor de
formación y educación que imprime a las personas, son o no elementos
suficientes para promocionarla, defenderla, fomentarla y establecer
políticas específicas en torno a ella. A nadie se le escapa que este
elemento es fundamental en la sociedad, por todo lo dicho y por
cuestiones obvias de mantenimiento de la especie, de determinadas
estirpes y otros elementos genéticos.
Por tanto, en un momento dado el que se pueda
conformar una familia de una tipología determinada es más bien cuestión
de la decisión de las personas que deciden formarla, y por tanto, debe
existir libertad para que así sea, independientemente de que la iglesia
reconozca o no ciertas uniones entre personas, como el estado tampoco
reconocerá algunas cuestiones que son de obligado cumplimiento en la
jerarquía católica. Por tanto, dejémonos de enfrentamientos y de
manipulaciones mediáticas, dejemos que cada cual decida en función de
lo que estime más conveniente y no estemos continuamente avivando el
fuego de la confrontación iglesia-estado, porque creo, y lo digo con
toda sinceridad, que no es esa la doctrina que Jesús de Nazaret nos
enseñó.