Resulta lamentable, que una vez más la jerarquía de la iglesia católica se enfrente de nuevo al gobierno de Zapatero, en esta ocasión con el concepto de familia, algo que creo hemos superado,  o al menos estamos en fase de superación, quienes nos sentimos a la vez parte de la iglesia y también comulgamos con las políticas de progreso y de igualdad impulsadas en esta última legislatura. A quienes estamos continuamente tendiendo puentes entre ambos extremos, no por nada, sino porque estamos convencidos de que siempre hay un espacio para el entendiemiento y todo es posible, máxime cuando lo importante es la voluntad y la firmeza de hacerlo, nos preocupa que quienes ostentan el poder en la iglesia, herederos de los valores encerrados en los evangelios y en otros documentos cristianos, puedan estar sembrando -espero que de manera no intencionada- discordia y desasosiego en un país aconfesional, donde la amplia mayoría de ciudadanos han apoyado algunas cuestiones, a mi modo de ver ya superadas, como lo es el hecho de que se haya conformado una nueva dimensión social de la familia.
 
Decía hace pocos días en mi blog personal que lo importante no es cuestionarse ahora si la familia tiene que ser cristiana, agnóstica o de cualquier otra clasificación que se quiera establecer, en función de religión, miembros, tipología de los miembros, etcétera. Más bien lo importante es plantearse si la unidad familiar, los valores que se encierran en ella, la ingente labor de formación y educación que imprime a las personas, son o no elementos suficientes para promocionarla, defenderla, fomentarla y establecer políticas específicas en torno a ella. A nadie se le escapa que este elemento es fundamental en la sociedad, por todo lo dicho y por cuestiones obvias de mantenimiento de la especie, de determinadas estirpes y otros elementos genéticos.
 
Por tanto, en un momento dado el que se pueda conformar una familia de una tipología determinada es más bien cuestión de la decisión de las personas que deciden formarla, y por tanto, debe existir libertad para que así sea, independientemente de que la iglesia reconozca o no ciertas uniones entre personas, como el estado tampoco reconocerá algunas cuestiones que son de obligado cumplimiento en la jerarquía católica. Por tanto, dejémonos de enfrentamientos y de manipulaciones mediáticas, dejemos que cada cual decida en función de lo que estime más conveniente y no estemos continuamente avivando el fuego de la confrontación iglesia-estado, porque creo, y lo digo con toda sinceridad, que no es esa la doctrina que Jesús de Nazaret nos enseñó.