Guadalupe, mi río escondido, ha sido durante tres días la capital del mundo rural extremeño, acogiendo las V Jornadas de la Red Extremeña de Desarrollo Rural, donde todos los que sentimos, vivimos, respiramos y luchamos por el medio rural, específicamente quienes nuestras ocupaciones nos lo permiten y que estamos relacionados con los grupos de acción local, hemos tenido ocasión de expresarnos . Mucho debate, propuestas, sugerencias, intercambio de experiencias y optimismo para afrontar estos próximos años donde -en mi opinión- han de salvarse de manera definitiva en esta región, Extremadura, las distancias que existen entre el mundo rural y el urbano, mi perseverante y casi obsesionada lucha en los últimos años y la principal causa que me motivó a expresar mis puntos de vista, argumentos y reflexiones en cada uno de los espacios por los que suelo pasearme.

El viernes pasado, 14 de diciembre, el Boletín Oficial del Estado, publicaba la Ley de Desarrollo Sostenible en el Medio Rural, a la que me he referido en numerosas ocasiones y que va servir para acompasar y allanar el sendero que nos lleve hacia ese objetivo, deseado, de que no existan discriminaciones por vivir en un lugar u otro. Pero las leyes no sirven de nada si no existe compromiso económico y compromiso social. El primero es obvio por la necesidad de articular medidas y acciones concretas desde lo público que necesitan de un esfuerzo presupuestario y cuya ejecución corresponde a las administraciones. El segundo porque para que el mundo rural, nuestros pueblos permanezcan intactos y la gente habite en ellos, se hace necesaria una profunda reestructuración ideológica y una verdadera dinamización sectorial que sirva para recuperar una identidad rural muy castigada por fuertes connotaciones políticas y un mayor peso de lo urbano, en el sentido que lo de la ciudad parece que siempre significaba progreso y lo del pueblo, lo uníamos a pobreza y retraso ¿Se acuerdan del término paleto que el régimen utilizaba para menospreciar a las gentes de nuestros pueblos? En este sentido, en mi opinión debemos comenzar a sentar las bases de un proceso de participación social y ciudadana que con un enfoque ascendente nos permita integrar los procesos de desarrollo rural, inculcando a nuestra gente el deber moral y la necesidad de que esto no es cosa exclusiva de los políticos, ni siquiera de los técnicos que dirigimos los procesos, se trata más bien de innovar en la implicación social, en elevar el nivel de autoestima y autocrítica social, para lograr, conformar una sociedad rural diferente, sin complejos y competitiva.