Las zonas rurales también existen y últimamente se tienen en cuenta con mayor intensidad, tal y como se viene demostrando con un buen número de iniciativas y de programas de ámbito rural, que en su conjunto van reduciendo, o al menos lo intentan, las distancias que, a pesar de lo que se diga, aún existen entre la ciudad y el pueblo. Quisiera detenerme hoy en el sector de la educación y reflexionar sobre los últimos anuncios que nuestra consejera, Eva María Pérez, nos ha lanzado, alguno de ellos muy interesantes por la oportunidad y por el carácter insólito que les caracteriza. La futura creación de distritos -algo que me recuerda a un programa muy conocido puesto en marcha en la época de la República- además de descentralizar el sistema educativo y acercar la administración y la oferta a todos los ciudadanos y ciudadanas, es para nosotros -quienes vivimos a ciento veinticinco kilómetros de la capital, o a poco más de ochenta de la ciudad más cercana- una excepcional fórmula de conocimiento, que eliminará esa brecha de la que no se habla demasiado y que la propicia el hecho de no disponer de las mismas oportunidades que en la ciudad, por ejemplo en el sector de los jóvenes. Mientras que los adolescentes de nuestros pueblos han de desplazarse para ir a la Universidad, alejarse de sus familias, alquilarse un piso y cambiar radicalmente su modo de vida, los de la ciudad en cambio permanecen en el hogar, tienen cerca de su familia y no deben pasar por alguna de las dificultades que sufren estos, y cuyos efectos no logran hacer desaparecer las becas o ayudas que se les conceden. Por tanto, este acercamiento de las fuentes de conocimiento y de los centros de formación de mayor élite y calidad, de manera radial y dispersa hacia los territorios rurales, me parece una revolucionaria fórmula en la educación, que no es sino la aplicación práctica de un derecho constitucional que todos tenemos, cuyo desenlace supondrá para el mundo rural un futuro totalmente diferente y una oportunidad para sus gentes, especialmente los jóvenes, quienes aún hoy se ven obligados a dejar el pueblo de manera esporádica, y en ocasiones este viaje se hace sin retorno, con el consiguiente daño poblacional y humano que esto supone para nuestros pueblos.