Cada vez que circulo por las carreteras de la comarca en la que trabajo, Las Villuercas, Ibores y la Jara , el manos libres me avisa con sonidos intermitentes de la entrada en una zona en la que no existe cobertura, algo que suele suceder en muchísimos tramos. No quiero ni contarles cuando quienes gustamos de recorrer senderos y caminos vecinales, nos adentramos en espesos bosques o profundos valles, donde la marca que en nuestro terminal nos indica el nivel de cobertura se extingue por completo. Uno se acostumbra a todo, y no quiere ni pensar, aunque lo piensa, en lo que pueda suceder si se sufre cualquier urgencia o necesidad vital, especialmente si se pone en peligro cualquier vida humana porque el teléfono móvil que lleva encima no dispone de la plena garantía de servicio, por el mero hecho de haber decidido vivir en un determinado lugar, donde sabemos que el escaso poblamiento significa poca clientela y poco volumen de negocio. Eso se llama, o así lo llamanos en nuestros pueblos, discriminación, a no ser que tengamos, y yo lo desconozca, algunos privilegios a modo de ofertas especiales, tarifas reducidas o descuentos en terminales, aunque me da a mi que de eso no hay nada.

La reunión que Vara ha mantenido con Viana supone un paso importante y obedece entre otros motivos a los que les cuento, desgraciadamente muy comunes y cotidianos en nuestra vida rural. Ante esta nueva expectativa que se nos plantea con respecto a la telefonía móvil, espero y deseo que se haga con tecnología de última generación, se analice de manera pormenorizada el territorio y sus condiciones físicas, y se nos garantice el mantenimiento de las infraestructuras durante mucho tiempo. Otra cuestión importante es que seamos tolerantes hasta donde la ley lo permita con las antenas o instalaciones necesarias y no planteemos dificultades arropándonos en ciertos impactos, cuando de lo que se trata, es de paliar estas lagunas digitales que hoy existen, y con ello mejorar nuestra calidad de vida.