miércoles, 24 de octubre de 2007 21:41
Felipe Sánchez Barba
El pastor y su libro
En este día internacional de las bibliotecas quiero reflexionar sobre la importancia que pueden tener los libros en la vida de las personas. Para ello, tiro de memoria y de recuerdos, y traigo hasta este espacio la vivencia, hace algún tiempo, que experimenté en un encuentro interesante y apasionante con un pastor jubilado,
al que hace algunos años conocí, cayado en mano y libro en la otra, mientras recorría
a pie un camino vecinal. Santiago Plaza, a sus casi ochenta y tres abriles,
volvió a ilustrarme con su sabiduría y sus historias, basadas según él en
hechos reales, descifrados y recabados en las miles de páginas que su memoria
ha retenido. Su expresión facial y su explosiva sonrisa, junto a una fluida
palabra, son la mezcla perfecta para que cualquier oído, que guste de aprender
y con facilidad de diálogo, se rinda ante su planta. En unos minutos, este
hombre es capaz de hablarte de la vida de Verdi, de los amores y desamores de
Napoleón, de recitarte unos poemas de Fray Luis de León, de relatar cómo su
padre superó una crisis económica, o de tales o cuales argumentos en los que se
basan algunos de los últimos éxitos literarios.
Ante tanta expectación
uno siente verdadera envidia sana y un privilegio enorme al poder experimentar
este tipo de encuentros, posiblemente porque se da cuenta de que una cosa tan
sencilla, como es la lectura, a la que hoy día tiene acceso cualquier persona
sin excepción, tiene valores cultural, social y humano, importantísimos, los
cuales ignoramos o sencillamente
desestimamos. Su profesión de pastor y su ansia personal de conocimiento ha
contribuido sin duda a curtir y conformar un personaje singular, un hombre
sencillo que no conoce la universidad pero que en sí representa varias cátedras
juntas de Historia, Literatura y la más importante de todas, la de la sabiduría
que da la experiencia y el contacto con la naturaleza durante tanto tiempo.
Los modernos sistemas
de manejo de ganados, junto a la escasa dignificación de esta profesión están
acabando con esta singular figura -la de pastor- y con el acervo de saberes
populares que custodia y trasmite con generosidad y desparpajo.