Leo en la ficha técnica del Toyota Lexus que la capacidad de su maletero es de 510 litros o, lo que es lo mismo, poco más de medio metro cúbico. Debe tratarse de un error; en tan poco espacio no puede caber tanta demagogia como se ha vertido sobre el coche de la vicepresidenta económica.

Reconozco que la tentación era mucha: al día siguiente de anunciar Vara el plan de austeridad, se sabe lo de la compra del coche pero, ¿de verdad es un escándalo que una consejera o consejero de un gobierno autonómico tenga un coche oficial de 11 millones de pesetas? Otra cosa hubiese sido que el gasto, con o sin plan de austeridad, con o sin crisis, en el cochecito de marras se fuese a cifras gastronómicas, que diría aquel, como, yo qué sé, medio millón de euros, y que además el sobrecoste viniese por la incorporación de pijerías y caprichitos propios de estrella del rock: llantas bañadas en oro, parachoques de titanio, minijacuzzi, tv por satélite,..., pero, insisto, a mi no me parece un gasto desaforado, y creo que es una muestra de que quizá todos los sectores, menos el de la demagogia, están en crisis.

Siempre ha sido muy socorrido airear los dineros de los políticos (sueldos o compras) para provocar tormentas en vasos de agua. Lo malo es que ese tipo de actitudes, al margen de que puedan resultar injustas, actúan como un boomerang. ¿Y si mañana supiéramos cuánto ganan los principales políticos extremeños por cada uno de los cargos que ostentan? ¿Y los coches que tienen? ¿Y los cargos en sus visas de partido o de institución? ¿Y dónde se alojan y quién lo paga?

Yendo más allá, ¿y si los extremeños supieran por ejemplo que durante las sesiones parlamentarias normalmente muchas de sus señorías están a otras cosas y sólo aparecen cuando un timbrecito les dice que tienen que acudir votar, que consiste en apretar el botoncito que les marca el jefe de grupo? Eso sí podría ser un escándalo, que se supiera que hay quien cobra dietas por acudir a plenos y realmente se pasa la sesión fuera del hemiciclo y sólo entra a apretar el botón, aunque esa dieta no sean 11 millones de pesetas, con que fueran mil duros sería un dinero cobrado de más.

 

Tampoco puedo estar de acuerdo con la reacción de la vice. En primer lugar, porque si tiene que dimitir, que sea porque no haya cumplido con su labor, por mala gestión, por meter mano en la caja, por cosas así, y no por una chorrada como la del coche, que no deja de ser una anécdota, una polvareda que se disipará a golpe de actualidad. En segundo lugar, porque si se da el paso de dimitir (repito, erróneo a mi juicio), se dimite, y no hace falta que nadie te acepte esa dimisión.

 

Manda güevos que con la que está cayendo los asuntos de debate sean, a nivel regional, el Lexus, y a nivel nacional, la placa de sor Maravillas.

En fin, cosas veredes, porque hace poco hemos asistido al espectáculo de que se hayan vertido ríos de tinta, saliva y veneno, con el juego de la silla en la cumbre del G-20, y luego, la cumbre en sí no ha dado ni el 1% de titulares que dio la joía sillita